S1/ Implantes en el sector posterior ¿Inmediatos o diferidos? - Sergio García Bellosta
- 15 feb
- 10 Min. de lectura
Actualizado: hace 5 días
El pasado jueves, 12 de febrero de 2026, Málaga acogió la primera sesión de StudyClub con un propósito claro: crear un espacio de reflexión clínica, debate y contraste entre la evidencia científica y la realidad diaria de nuestras consultas.
La sesión, moderada por Nacho Fernández-Baca, comenzó con una reflexión sobre los criterios clásicos de éxito en implantología, una base conceptual que durante décadas ha guiado nuestra práctica clínica y nuestra manera de comunicar resultados a los pacientes.
Durante muchos años, el éxito se definió bajo parámetros bien establecidos: inmovilidad del implante, ausencia de dolor espontáneo o a la carga, ausencia de infección activa, ausencia de radiolucidez periimplantaria y una pérdida ósea marginal limitada y cuantificada en el tiempo.
Estos criterios supusieron un avance extraordinario en su momento. Permitieron objetivar resultados, comparar estudios y consolidar la implantología como disciplina científica sólida. Sin embargo, con el paso del tiempo y la evolución de la implantología hacia escenarios clínicos cada vez más complejos, la realidad asistencial empezó a mostrar matices que aquellos criterios no contemplaban en profundidad.
En la práctica diaria observamos implantes que cumplen formalmente los criterios clásicos y, sin embargo, presentan inflamación crónica de los tejidos blandos.
Pacientes con mucositis persistente que no siempre progresa, pero tampoco se resuelve. Casos con pérdida ósea marginal superior a la esperada en los primeros años. Restauraciones funcionales, pero con perfiles de emergencia poco higienizables. Complicaciones protésicas repetidas —aflojamientos, fracturas de tornillos, descementados— que no implican el fracaso del implante, pero sí deterioran la experiencia del paciente y la estabilidad del tratamiento.
La periimplantitis, reconocida y redefinida en las últimas clasificaciones internacionales, nos obligó a ampliar el foco. Ya no basta con que el implante esté osteointegrado; debemos preguntarnos en qué condiciones se encuentra el complejo implante–prótesis–tejido blando. La salud periimplantaria pasó de ser un aspecto secundario para convertirse en eje central del éxito a largo plazo.
Además, el concepto de éxito ha ido incorporando nuevas dimensiones que antes apenas se mencionaban: la estabilidad de los tejidos blandos, la facilidad de mantenimiento, la higiene domiciliaria, la satisfacción del paciente, la previsibilidad estética incluso en sectores posteriores, y la durabilidad mecánica del conjunto restaurador.
Todo ello nos llevó a plantear durante la sesión una pregunta incómoda pero honesta: ¿Estamos confundiendo supervivencia con éxito?
La conclusión no fue desacreditar los criterios clásicos —que siguen siendo fundamentales— sino reconocer que hoy resultan insuficientes si se interpretan de forma aislada.
El éxito en implantología ya no puede definirse exclusivamente por la presencia del implante en boca. Debe entenderse como la integración armónica de biología, función, mantenimiento y satisfacción del paciente en el tiempo.
Esta reflexión fue el punto de partida perfecto para introducir al ponente, Sergio García Bellosta, y el tema central de la sesión: si el momento de colocación del implante —inmediato o diferido— puede influir no solo en la supervivencia.
El sector posterior: un escenario distinto
El sector posterior no es simplemente una extensión anatómica del anterior; es un escenario clínico con reglas propias. Presenta mayores exigencias biomecánicas, alvéolos más amplios tras la extracción y una anatomía radicular compleja que condiciona tanto la obtención de estabilidad primaria como el diseño protésico final.
Desde el punto de vista biomecánico, los molares y premolares soportan cargas oclusales significativamente superiores a las del sector anterior. Esto implica que cualquier pequeño error en la posición tridimensional del implante o en la angulación del eje protésico puede traducirse en sobrecargas, micromovimientos o complicaciones mecánicas a medio plazo.
Además, tras la extracción de un molar, el alveolo resultante no es una cavidad simple y uniforme. Habitualmente encontramos:
Septos interradiculares de espesor variable.
Paredes vestibulares más finas.
Defectos dehiscencias preexistentes.
Morfología irregular que dificulta la correcta orientación del fresado inicial.
En un implante inmediato posterior, la estabilidad primaria no suele lograrse en las paredes alveolares, sino en el hueso apical o en el septo interradicular, si este presenta suficiente densidad y volumen. Esto obliga al clínico a evaluar cuidadosamente, antes de la extracción, dónde se obtendrá esa estabilidad. La decisión no puede tomarse una vez el alveolo está vacío; debe estar planificada previamente.
A ello se suma un aspecto frecuentemente infravalorado: el diseño protésico final. En el sector posterior no basta con “colocar un implante centrado”. Debemos pensar en:
La futura emergencia protésica.
El acceso del tornillo.
La higiene interproximal.
El perfil subgingival.
La distribución de fuerzas en cúspides funcionales.
Un implante ligeramente desviado hacia vestibular o lingual puede condicionar un perfil sobrecontorneado, dificultar la higiene y aumentar el riesgo de inflamación periimplantaria.
Por tanto, el sector posterior exige una doble precisión: biológica y mecánica.
En este contexto, la pregunta central de la sesión adquirió un peso especial:
¿Está realmente indicado el implante inmediato en este escenario biomecánicamente exigente? ¿O es más prudente permitir una cicatrización ósea previa y optar por un protocolo diferido que facilite una mejor planificación tridimensional?
El implante inmediato aporta ventajas evidentes como la reducción del número de cirugías, preservación del volumen, menor tiempo total de tratamiento, pero también introduce variables adicionales: control del gap, estabilidad del coágulo, necesidad de torque suficiente en un alveolo recién extraído y riesgo de desviación hacia la anatomía preexistente.
Por el contrario, el protocolo diferido permite intervenir en un lecho óseo ya cicatrizado, más homogéneo y predecible, donde la preparación del fresado y la orientación tridimensional pueden realizarse con mayor libertad. Sin embargo, puede implicar mayor remodelación ósea horizontal y pérdida de arquitectura gingival si no se aplican técnicas de preservación alveolar.
Perfil de emergencia del implante inmediato en posteriores
Uno de los puntos más debatidos durante la sesión fue el mantenimiento del perfil de emergencia, un aspecto que, aunque tradicionalmente ha recibido mayor atención en el sector anterior por razones estéticas, resulta igualmente determinante en el sector posterior desde el punto de vista biológico y funcional.

Cuando realizamos una extracción en un molar o premolar, el tejido blando circundante conserva la morfología tridimensional del diente que ocupaba ese espacio. Existe una arquitectura gingival preestablecida, con papilas, convexidades y concavidades que responden a la anatomía radicular y coronaria original. Si no intervenimos activamente para sostener esa arquitectura, el colapso tisular es inevitable.
El implante inmediato ofrece la posibilidad de actuar en ese momento crítico. Permite ocupar el espacio radicular antes de que se produzca la contracción del coágulo y la remodelación inicial del tejido blando. Al mantener una estructura interna que soporte los tejidos, se reduce el colapso horizontal y se conservan referencias anatómicas que, en un protocolo diferido, pueden perderse o modificarse significativamente.
Pero el implante por sí solo no mantiene el perfil. Lo que verdaderamente determina la estabilidad de los tejidos es el diseño del componente transgingival. Aquí adquiere especial relevancia el concepto de pilar customizado descrito por Akin (2016).
Su planteamiento fue especialmente innovador porque entendió el pilar no como un simple intermediario protésico, sino como un elemento terapéutico activo en la cicatrización del alveolo. El pilar anatómico personalizado cumple varias funciones simultáneas:
Sella el alveolo, evitando la exposición del injerto o del coágulo.
Estabiliza el tejido blando, actuando como molde biológico.
Reproduce la forma cervical del diente extraído.
Facilita una cicatrización guiada del perfil subgingival.
Al sellar el alveolo, se crea un entorno cerrado que protege el coágulo inicial, evitando su desplazamiento o contaminación. Este aspecto es clave: la estabilidad del coágulo condiciona la neoformación ósea inicial y la integración del injerto en el espacio periimplantario (GAP).
En el debate se subrayó una idea fundamental: el perfil de emergencia no se “corrige” al final del tratamiento; se construye desde el primer día.
Cuando el pilar personalizado reproduce de manera fiel la anatomía cervical del diente extraído, el tejido blando cicatriza adaptándose a esa forma. Se reduce la necesidad de remodelaciones posteriores con provisionales y se mejora la estabilidad del resultado a medio plazo.
En el sector posterior, donde la exigencia estética es menor, podría pensarse que este aspecto tiene menor importancia. Sin embargo, mantener un perfil de emergencia adecuado aporta ventajas claras:
Mejora la higiene del paciente.
Reduce la retención de placa.
Disminuye el riesgo de mucositis.
Facilita la integración protésica definitiva.
Mantiene la estabilidad del tejido blando interproximal.
Por tanto, el mantenimiento del perfil de emergencia no es un lujo estético, sino una estrategia biológica.
La discusión dejó claro que el implante inmediato ofrece una ventana terapéutica única: la posibilidad de intervenir cuando el tejido aún conserva su arquitectura original. Pero esa oportunidad solo se materializa si se acompaña de un diseño transgingival adecuado, ya sea mediante técnicas analógicas descritas inicialmente o mediante flujos digitales actuales.
En definitiva, el implante inmediato sin control del perfil es una oportunidad desaprovechada. El pilar customizado es la herramienta que transforma esa oportunidad en un resultado predecible.

Pilar customizado: analógico vs digital
Uno de los momentos más enriquecedores de la sesión fue el debate en torno a las dos modalidades principales para confeccionar el pilar personalizado en el implante inmediato posterior: la técnica analógica basada en la confección directa intraoral y la técnica digital —como el protocolo DAP— que integra escaneado inmediato y diseño asistido por software.
Lejos de plantearse como una confrontación entre “lo antiguo” y “lo moderno”, la discusión se abordó desde una perspectiva pragmática: ¿Qué aporta cada técnica? ¿En qué contexto es más apropiada? ¿Qué implicaciones tiene en términos de control biológico y eficiencia clínica?
Técnica analógica: control directo y sensibilidad clínica
La técnica analógica consiste en la personalización intraoral del pilar provisional mediante resinas o composites, adaptándolo directamente al alveolo recién extraído. Es un procedimiento que exige sensibilidad manual, comprensión tridimensional del perfil subgingival y experiencia clínica.
Entre sus ventajas se destacó:
Control inmediato y directo del contorno.
Capacidad de adaptación en tiempo real a la morfología del alveolo.
Independencia de equipamiento digital.
Coste reducido en infraestructura.
Mayor rapidez.
Sin embargo, también se señalaron sus limitaciones:
Dependencia significativa de la destreza manual del operador.
Dificultad para lograr un acabado subgingival perfectamente pulido.
Menor reproducibilidad exacta en caso de necesidad de repetir el procedimiento.
El acabado subgingival fue uno de los puntos más debatidos. Un contorno rugoso o mal pulido en la zona submucosa puede favorecer retención bacteriana y comprometer la salud periimplantaria. Conseguir un pulido óptimo en una superficie confeccionada manualmente intraoralmente puede resultar técnicamente exigente.
Técnica digital (DAP): precisión y estandarización
La técnica digital, representada en la sesión por el protocolo DAP, introduce un flujo distinto. Tras la colocación del implante, se realiza un escaneado inmediato con scanbody, se diseña digitalmente el perfil de emergencia y se fabrica el pilar personalizado mediante sistemas CAD/CAM.
Entre las ventajas destacadas:
Mayor precisión geométrica.
Superficies más homogéneas y mejor acabado subgingival.
Reproducibilidad exacta del diseño.
Integración con el flujo protésico definitivo.
Optimización del tiempo en fases posteriores del tratamiento.
El diseño asistido por software permite definir con precisión el perfil crítico y subcrítico, controlar las convexidades y garantizar una transición armónica con la mucosa.
Además, las superficies fresadas o impresas suelen presentar una calidad de acabado superior al moldeado manual, lo que potencialmente mejora la respuesta tisular.
Sin embargo, la técnica digital no está exenta de limitaciones:
Requiere inversión tecnológica significativa.
Exige formación específica.
Puede aumentar el tiempo en gabinete.
Depende de la disponibilidad inmediata de escáner y software.
La conclusión fue madura y equilibrada: La técnica no sustituye al criterio. El digital no reemplaza la comprensión biológica. Y lo analógico no está obsoleto si se ejecuta con precisión.
Ambos enfoques pueden ofrecer excelentes resultados si se aplican en el contexto adecuado y con conocimiento profundo del objetivo biológico: mantener volumen, sellar correctamente y guiar la cicatrización del tejido blando.
Más que una elección tecnológica, la decisión entre analógico y digital es una elección estratégica.

Estabilidad primaria, planificación tridimensional e indicaciones del implante inmediato posterior
Si hubo un punto en el que todos los asistentes coincidieron de forma unánime fue en este:
sin estabilidad primaria, no hay implante inmediato.
La estabilidad primaria no es un detalle técnico más; es la condición biológica y mecánica indispensable sobre la que se sustenta todo el procedimiento.
En el sector posterior, donde los alvéolos suelen ser amplios y la morfología radicular compleja, esta estabilidad no siempre es evidente ni automática. Debe planificarse antes incluso de iniciar la extracción.
En molares superiores e inferiores, la estabilidad primaria raramente se obtiene en las paredes alveolares, ya que el diámetro del alveolo suele superar el del implante. Por ello, la fijación debe buscarse en el hueso apical o en el septo interradicular, si este presenta suficiente volumen y densidad.
Esta circunstancia obliga a evaluar previamente la anatomía mediante CBCT y a anticipar dónde se anclará realmente el implante.
Durante la sesión se destacó la importancia de implantes con diseños que permitan obtener torque adecuado en escenarios donde el alveolo no ofrece soporte circunferencial completo.
Pero la estabilidad primaria no depende únicamente del implante seleccionado. Depende también de la precisión tridimensional en su colocación. Y aquí entra en juego la planificación guiada.

La cirugía guiada como herramienta estratégica
La planificación digital mediante software especializado permite analizar la anatomía ósea, evaluar la densidad, identificar zonas de anclaje potencial y posicionar el implante en relación directa con la futura restauración. En el implante inmediato posterior, donde la anatomía del alveolo puede inducir desviaciones naturales del fresado hacia el eje radicular previo, la cirugía guiada reduce la improvisación y aumenta la previsibilidad.
La guía quirúrgica no es simplemente un accesorio tecnológico; es una herramienta de control biomecánico. Permite:
Optimizar la posición 3D del implante.
Controlar la profundidad y angulación.
Alinear el eje protésico con la futura restauración.
Evitar posiciones excesivamente vestibulares o linguales que comprometan el perfil de emergencia.
Además, la planificación digital integra tres dimensiones fundamentales: biología, prótesis y mecánica. No se trata solo de “colocar el implante donde haya hueso”, sino de colocarlo donde pueda funcionar biomecánicamente y mantenerse biológicamente estable en el tiempo.
En el sector posterior, donde las cargas oclusales son elevadas, una ligera desviación en la angulación puede generar sobrecargas en el tornillo protésico o en la interfase implante-pilar. La cirugía guiada ayuda a minimizar estos riesgos desde la fase inicial.
Indicaciones reales del implante inmediato posterior
Con todos estos elementos sobre la mesa —estabilidad primaria, diseño del implante, planificación tridimensional— la discusión desembocó en la cuestión clave: ¿Cuándo está realmente indicado el implante inmediato posterior?
El consenso fue claro: el inmediato no es una técnica universal, sino selectiva. Está indicado cuando:
El alveolo presenta paredes relativamente conservadas.
Existe hueso apical o interradicular suficiente para lograr estabilidad primaria adecuada.
Se puede alcanzar torque que garantice ausencia de micromovimientos.
El paciente presenta buen control sistémico y periodontal.
Es posible sellar correctamente el alveolo y controlar el GAP.
En estos casos, el implante inmediato puede aportar ventajas significativas: reducción del tiempo total de tratamiento, mantenimiento del perfil de emergencia y menor número de intervenciones quirúrgicas. Sin embargo, debe evitarse cuando:
Existe infección activa no controlada con destrucción significativa de paredes óseas.
Hay defectos óseos no contenidos que impiden estabilizar el injerto.
No se puede obtener estabilidad primaria adecuada.
El paciente presenta factores de riesgo biológico elevados (mal control de placa, tabaquismo severo, periodontitis activa).
En estas situaciones, un protocolo diferido puede ofrecer mayor seguridad y previsibilidad.
Una decisión estratégica, no impulsiva
Quizá una de las reflexiones más relevantes fue que el implante inmediato posterior no debe decidirse en el momento quirúrgico, sino en la fase de planificación.
La indicación no puede depender de “cómo queda el alveolo tras la extracción”, sino de un análisis previo que contemple estabilidad, anatomía, biomecánica y perfil de riesgo del paciente.
El inmediato no es una demostración de habilidad quirúrgica. Es una decisión estratégica que debe estar respaldada por:
Diagnóstico tridimensional.
Selección adecuada del implante.
Planificación restaurativa.
Control biológico.
Cuando estos elementos se alinean, el inmediato posterior puede ser una herramienta poderosa. Cuando no lo hacen, forzar la indicación puede comprometer el resultado a largo plazo.
En definitiva, la estabilidad primaria, la planificación digital y la correcta indicación no son apartados independientes. Forman parte de una misma ecuación clínica cuyo objetivo final no es solo que el implante sobreviva, sino que funcione, se mantenga sano y sea predecible en el tiempo.
Próxima sesión: Laura Torrecillas
El próximo jueves 16 de abril, Laura Torrecillas toma el escenario de los StudyClubs para hablarnos de perfiles de emergencia y flujo digital. Puedes inscribirte escribiendo a la secretaria del Colegio de Dentistas de Málaga.








































Comentarios